Hablaban de amor en tercera
persona, como si no fuese eso lo que sentían el uno por el otro.
Tantas noches en vela, viendo pasar las horas como minutos, imaginándose situaciones que aún no habían sucedido.
Tantas noches en vela, viendo pasar las horas como minutos, imaginándose situaciones que aún no habían sucedido.
Tantas conversaciones que
no acababan nunca, se hilaban la una con la otra, la noche con el día y las
ganas del uno por saber del otro.
Efectivamente, ahí estaba pasando algo, algo más. Ahí estaba naciendo amor, ellos estaban creando amor sin poder controlarlo. Los dos lo sabían aunque ninguno quería aceptarlo, negaban la realidad, lo evidente. Se negaban a sentir, a sentir amor, otra vez.
Los dos con sus miedos, sus pies cautelosos y de plomo, sus inseguridades. Miedo al sufrimiento, al desamor, miedo a arriesgar para no ganar, miedo a sentir tan fuerte, que incluso duela. Miedo a que se repitieran historias que creían ya superadas.
Efectivamente, ahí estaba pasando algo, algo más. Ahí estaba naciendo amor, ellos estaban creando amor sin poder controlarlo. Los dos lo sabían aunque ninguno quería aceptarlo, negaban la realidad, lo evidente. Se negaban a sentir, a sentir amor, otra vez.
Los dos con sus miedos, sus pies cautelosos y de plomo, sus inseguridades. Miedo al sufrimiento, al desamor, miedo a arriesgar para no ganar, miedo a sentir tan fuerte, que incluso duela. Miedo a que se repitieran historias que creían ya superadas.
Miedo, a ser
feliz.
Enero
2013.