Y entonces empezó a valorar lo que tenía y lo que podía llegar
si aprendía a esperar, si conseguía deshacerse de todo eso que la ataba a nada.
El vacío, su vacío, al fin y al cabo no era malo. Para que llegaran cosas
mejores debía volver a estar vacía, y así lo hizo.
El tiempo le enseñó que la espera, sí no desespera, siempre trae algo bueno, aunque sea disfrazado de olvido.
De cuando el olvido es la mejor solución.
De cuando darse cuenta una misma de los errores es el mejor camino. Nunca se aprende tanto como de las experiencias vividas.
Y fue entonces, llegada a ese punto, cuando ella quiso olvidar, por primera vez era eso lo que ella quería, ¿el motivo? Se dio cuenta de que su amor por él se había convertido en lástima, ni siquiera en odio, no, en lástima. No quería sentir pena del hombre de su vida.
Noviembre 2012.
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